La realidad del Espíritu Santo en la Consejería Bíblica

Por: Ana María Castañeda (Alumna de los CTB, Lima, octubre 2020)


La obra del Espíritu Santo es evidente desde la creación (Ge 1:2; Sal 104:30). Asimismo, su obra como agente en revelar e inspirar a los profetas del Antiguo Testamento se enseña claramente en la Biblia (2Pe 1:21). Con relación al ministerio del Espíritu Santo a las personas, pese a que no era igual en el Antiguo Testamento de lo que ha sido después Pentecostés 1, hallamos en ambos testamentos fundamentos para delinear la manera cómo actúa Espíritu Santo en la consejería bíblica en la actualidad.

El Antiguo Testamento contiene referencias que dan evidencias de la obra del Espíritu Santo en este período; incluso lo sabemos por el Nuevo Testamento en Hechos 7:51 y 2 Pe 1:21. Una de las funciones principales del Espíritu Santo fue la enseñanza. La oración de Esdras por los pecados de Israel menciona que, durante el Éxodo, Dios envió su buen Espíritu para enseñarles (Neh 9:20). Esta tarea fue ejercida por Moisés y aquellos a quienes se designó por jefes de millares, de centenas, de cincuenta y de diez que venían para consultar a Dios (Ex 18:21). Este ejemplo constituye un antecedente de la consejería bíblica.

A la luz del Nuevo Testamento, para comprender la realidad del Espíritu Santo en la consejería bíblica es preciso, en primer lugar, conocer la importancia del ministerio del Espíritu Santo en la vida de nuestro Señor Jesucristo. El Espíritu Santo participó en la concepción de Jesús (Lu 1:35); al inicio de su ministerio fue ungido, lleno y guiado por el Espíritu Santo (Lu 3:22; 4:1). Sus milagros fueron efectuados por el poder del Espíritu Santo y también por el poder del Espíritu Santo se ofreció a sí mismo a Dios como sacrificio por nuestros pecados (He 9:14) y fue el Espíritu Santo quien lo levantó de los muertos (Ro 8:11). Por consiguiente, si Jesús usó los ministerios del Espíritu Santo, ¿cómo podemos esperar nosotros vivir independientes de su poder para ejercer la consejería bíblica? En segundo lugar, el Espíritu Santo nos provee oportunidades para la consejería según su voluntad. Como vemos en la Biblia, debemos entender su obra en la vida del aconsejado cuando no es creyente, convenciendo de pecado, de justicia y de juicio (Ju 16:8:11); y a aquellos que son cristianos, el Espíritu Santo les da seguridad de salvación (Ro 8:16), les ayuda en sus debilidades guiándolos en sus oraciones (Ro 8:26), los guía en el conocimiento de la verdad (Ju 16:13) y también les ayuda a discernir las cosas espiritualmente (1Co 2:14,15).

En conclusión, podemos afirmar que la confianza en el poder del Espíritu Santo para ejercer la consejería bíblica se basa en reconocer el poder del Espíritu en el ministerio de Jesucristo desde su concepción hasta su muerte y resurrección. Asimismo, su participación es vital en la enseñanza de la voluntad de Dios y en la ayuda en tiempos de debilidad; y en proveer la certidumbre al creyente de que es hijo de Dios.

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1Ryrie, Charles; Teología Básica, pg. 397

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