Los samaritanos en su contexto

Por: Nimrod Inga Sanchez (Alumno de los CTB, Lima, octubre 2020)


Entre los pasajes con mayor necesidad de entender el contexto histórico-cultural se encuentra el del encuentro entre Jesús y la mujer samaritana de Juan 4:1-42. Este pasaje está lleno de referencias históricas, culturales, políticas y religiosas. Nos detendremos a echar luz sobre aquel pueblo de Samaria.


Los samaritanos eran un pueblo mestizo producto de las uniones interétnicas entre judíos y gentiles, que reclamaban ser descendencia de Jacob y afirmaban adorar al Dios de Israel[1]. Su origen se remonta al siglo VI a.C., luego de la conquista de Israel del norte por parte de Asiria. Este territorio fue vuelto a ser ocupado por una población mixta que incluía a los israelitas que fueron dejados de lado en la deportación, así como gente extranjera llegada de otras partes del imperio asirio (2 R. 17:24-41). Estos grupos se unieron entre sí perdiéndose la identidad distintiva israelita y formando el grupo de los samaritanos[2].

La base Escritural de los samaritanos consistía únicamente del Pentateuco[3]. Entre sus creencias se puede señalar que creían en un solo Dios, en Moisés, el profeta, en la ley y en el monte Gerizim como el lugar designado por Dios para el sacrificio (de esto último más adelante). Desde sus principios, una creencia importante, especialmente entre los laicos, era la venida del «profeta como Moisés», aunque más tarde se desarrolló en un concepto más claro en el título de «Taheb»[4]. Esta creencia entre los samaritanos de una venida mesiánica se registra, por ejemplo, en las Antigüedades de Josefo (XVIII, iv,1)[5]. Pero ellos preferían el término «Taheb» o «Restaurador» y aparentemente esperaban no a un mesías de la realeza (casa de David), sino a un Mesías «maestro»[6].

La relación entre judíos y samaritanos tuvo mucha hostilidad basados en lo étnico, religioso y en lo político[7]. El origen de estas hostilidades se remonta a finales del siglo VI a.C[8]. Cuando un contingente judío regresó del cautiverio a Jerusalén y empezó la reconstrucción del Templo, estos se negaron a recibir ayuda de los samaritanos. Esta negativa provocó que los samaritanos trataran de interrumpir las obras; sin embargo, ante el apoyo explícito del rey de Asiria, Esarhadón, al proyecto judío, los samaritanos empezaron a construir su propio templo en el monte Gerizim[9]. Los samaritanos pensaban que el monte Gerizim era el lugar santo para la adoración y no Jerusalén[10]. Estas discrepancias conllevaron a una serie de relaciones tensas. Por ejemplo, alrededor del 128 a.C., el templo del monte Gerizim fue destruido por los judíos, reclamando que la adoración correcta debía hacerse en Jerusalén[11]. Socialmente, los judíos trataban de evitar contacto con los samaritanos, en especial con las mujeres samaritanas, aunque sí hubo ciertos tratos dependiendo del lugar, la educación y otros factores particulares[12]. Sin embargo, a pesar de los pocos tratos que había, una interpretación farisaica de las leyes de pureza indicaba que los judíos y los samaritanos no podían, por ejemplo, beber de los mismos vasos[13].

Como hemos observado, un relato tan importante como este (Juan 4:1-42) se enriquece aún más a la luz de todo el bagaje histórico que había detrás de las relaciones entre judíos y samaritanos. Ahora podremos acercarnos con una mirada más centrada en el mensaje que quiso transmitir Jesús a la mujer, y la respuesta que ella le dio al Mesías.

[1] Keener, C. S. (2014). Comentario del contexto cultural de la Biblia: Nuevo Testamento, p. 821.

[2] Barry, J. D. et al. (2012, 2016). Faithlife Study Bible (Jn 4.9).

[3] Köstenberger, A. J. (2007). John. En Commentary on the New Testament use of the Old Testament, p. 438.

[4] Williamson, H. G. M., & Kartveit, M. (2016). SAMARITANOS. En: Diccionario de Jesús y los Evangelios, p. 1057.

[5] Hendriksen, W. (1981). Comentario al Nuevo Testamento: El Evangelio según San Juan, p. 181.

[6] Köstenberger, A. J. (2007). John. En Commentary on the New Testament use of the Old Testament, p. 440.

[7] Barry, J. D. et al. (2012, 2016). Faithlife Study Bible (Jn 4.9).

[8] Ibidem.

[9] Hendriksen, W. (1981). Comentario al Nuevo Testamento: El Evangelio según San Juan (p. 172).

[10] Keener, C. S. (2014). Comentario del contexto cultural de la Biblia: Nuevo Testamento, p. 821.

[11] Köstenberger, A. J. (2007). John. En Commentary on the New Testament use of the Old Testament, p. 438.

[12] Ibidem.

[13] Hendriksen, W. (1981). Comentario al Nuevo Testamento: El Evangelio según San Juan, p. 173


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