¿Otra Reforma?

Por Jorge Ortiz Vega (Alumno de los CTB, Lima, Setiembre 2020)


Cuando hablamos de la reforma católica romana, o “contra-reforma”, nos estamos refiriendo no solo a la respuesta de Roma a las ideas de los reformadores protestantes, sino a todo un movimiento que se había gestado aún antes de que Martín Lutero clavara sus 95 tesis en la catedral de Wittemberg en octubre de 1517. Pero, ¿De dónde y por qué echó sus raíces?, ¿Qué buscaba y cuáles eran sus objetivos para la Iglesia, el papado y la nobleza? y, sobre todo, la pregunta que más nos atañe es, ¿Realmente debe ser considerado este un proceso reformador a la par de lo que estaba sucediendo en sus vecinos del norte de Europa? Trataremos ahora de responder brevemente a estas tres preguntas.


Raíces distintas


La Iglesia como bien es sabido no se encontraba en un momento saludable, aunque si opulente. Desde Roma hasta los recónditos monasterios europeos, y desde los papas a los sacerdotes “quienes tenían reputación de ser corruptos y analfabetos” (Holcomb-pp.1), padecían de una crisis institucional y moral. Y el sentir de cambio venía acumulándose sin provecho en últimos siglos. Muestra de esto, vemos en los intentos no aislados de Whycliffe y Huz, pero, también de parte de la corona española con la reina Isabel y su instrumento inquisidor Jiménez de Cisneros. Mientras que por un lado se crearon nuevas órdenes monásticas (cuyos líderes tuvieron un llamado directo de Cristo por parte de supuestas visiones), como las Carmelitas descalzas y los Jesuitas de Ignacio de Loyola,hubo también una intención de purificar los ya existentes. Por otro lado, tanto desde del lado humanista como del conservador Erasmo, Berlamino, Baronio, entre otros, hacían apología de la historia y la fe católica romana.


Todas estas reformas, eran verdaderas intenciones de cambio, y hasta aquí podríamos decir que las dos reformas, ambas, parten de la coyuntura de una iglesia en decadencia moral e institucional, pero con una notable diferencia, y es que la protestante, además de la coyuntura, toma su iniciativa e impulso en un deseo ferviente de volver a las Escrituras y que estas conduzcan el camino reformador, estandarte común en todos los procesos reformadores paralelos en Alemania, Gran Bretaña, Francia, Suiza, etc.


Una visión distinta


No fue hasta el concilio de Trento, donde más por respuesta al protestantismo que por propia iniciativa la reforma católica giró aunque sea por un periodo de 18 años, hacia una reafirmación de ciertos temas doctrinales que se venían llevando a cabo en ese tiempo.Es por esto que como dice un historiador este concilio tuvo dos objetivos “continuar la línea isabelina de España, y refutar a las doctrinas protestantes” (González-pp.113-121).Diferente en parte, a lo que se vía desde el ala protestante, donde a pesar de que había intenciones por restaurar la iglesia, ésta ya no era vista como una mera institución sino como el mismo cuerpo de Cristo en la tierra conformado por la comunidad de creyentes, en tal razón su reestructuración tenía que ser de raíz doctrinal, es decir en (asuntos de fe) para después ser eclesial (asuntos de conducta de la Iglesia), nótese este énfasis las tesis de Lutero sobre las indulgencias.


Ya en el dificultoso y controversial concilio de Trento, vemos este doble énfasis de reforma católica, donde a más de las reformas eclesiásticas, (como que los obispos vivieran en sus sedes, la prohibición de pluralismo, las obligaciones del clero, y creación de seminarios), un extenso debate por algunos temas doctrinales. Por ejemplo, se preponderó la traducción de la Vulgata Latina por encima de los escritos en idiomas originales, se reafirmó la autoridad papal y de la tradición al mismo nivel de las Santas Escrituras. Se enlistó siete sacramentos y la misa como un verdadero sacrificio, y, se legitimó las misas e indultos en beneficios de los muertos.


Una respuesta distinta


Quizás el tema que por obvias razones más demoró su redacción fue la respuesta a la “justificación imputada reformada” basada en (Romanos 5:12-21), bajo el postulado de la “imputación infundida” (Holcomb.pp5), como el resultado de una colaboración entre la gracia y las buenas obras del creyente, frente a la “Sola Fe” que se efectúan de manera progresiva y no garantizan seguridad de salvación hasta después de la muerte.


Algunos piensan que los motivos católicos hacia la búsqueda de purificación moral en la institución son equiparables a los motivos protestantes con énfasis marcado en asuntos de fe (de los cuales no negamos que hubieron intereses políticos también) y aunque no se puede negar lo loable que puede ser, la búsqueda de austeridad, transparencia y falsa piedad, estos sin la gracia de la cruz son como trapos sucios, y la Ley sin Cristo es esclavitud y olor a muerte.“Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia” Isaías 64:6 La falsa piedad es tan atractiva al corazón del hombre como lo es una vida libertina, pero ambos abominables ante Dios.


Por lo tanto, aunque por un lado parece ser una reforma distinta, considero que la contra-reforma, es una sentencia de muerte, no comparable con el espíritu reformador protestante, ya que no nace de la Palabra como instrumento santificador del Señor, menosprecia la obra perfecta en los méritos de Cristo revelados en el evangelio, de ahí que sus objetivos hayan sido débiles y superficiales, muestra de ellos (con algunas excepciones), son el legado, producto de ambos en las naciones donde se implantaron. Otra hubiera sido la historia del catolicismo romano si en el concilio de Trento hubiera primado la Sola Escritura y la Sola Fe, tal vez todavía los llamaríamos hermanos, tal vez, los temas de periferia se hubieran resuelto con el tiempo, pero es la doctrina de la justificación por la fe, la doctrina irreconciliable entre estos dos movimientos hasta la actualidad. Por eso, debemos rescatar esta doctrina, en nombre de Cristo y su evangelio, sobre todo ahora que en estos tiempos se está debatiendo en menosprecio a ella, no sería la primera vez, que nuestro Dios soberano en la salvación nos ayude.


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